El internet de las cosas

Ya llevaba un tiempo queriendo escribir un post sobre el Internet de las Cosas. Esta semana, Microsoft publicaba una nueva versión de sus famosos vídeos “Future Vision”, y me parece la excusa perfecta para escribir un poco sobre el tema.

El Internet de las Cosas se basa en la idea de que muy pronto, y de forma progresiva vemos que es así, todo lo que nos rodea estará de algún forma conectado con nosotros y con los otros objetos que poseemos y que nos rodean. La realidad es que podemos ver miles de vídeos conceptuales acerca de este tema y mostrando prototipos increíbles, pero en ocasiones resulta muy difícil predecir hasta dónde llegarán realmente las cosas y cuánta utilidad tiene la integración de Internet en según que objetos.

El concepto fue creado en 1999 por el técnico inglés Kevin Ashton, y dicen los expertos que este 2013 será el año en el que realmente se materialice de una forma global y generalizada. La evolución de tecnologías relativamente simples como las etiquetas RFID para el seguimiento de objetos, sensores de baja potencia para la recopilación de datos (como temperatura o movimiento), o algunas más complejas como el creciente uso de Arduino, finalmente harán posible cambiar, conectar y conseguir que casi cualquier cosa genere y envíe su propia data.

Precisamente por eso, en medio del problema del Big Data, la aparición de más información generada por objetos cotidianos supone un nuevo desafío, orientado a capturar, analizar y aprovechar esa información de forma práctica y relevante para el usuario. Seguramente, no será una tarea fácil.

En todo caso, más allá del debate sobre lo útil que sería poder manejar la tostadora con nuestro tablet (por ejemplo), los ejemplos de implantación del Internet de las Cosas a los que ya tenemos acceso sí que nos ofrecen una posición optimista hacía todo lo que se puede conseguir. De las aplicaciones conocidas, destacaría por ejemplo las redes de transporte de muchas grandes ciudades equipadas con sensores que transmiten la posición de los autobuses, tranvías y trenes y hacen esta información disponible para el público a través de paneles o aplicaciones móviles instaladas en los terminales de los usuarios. Otro gran ejemplo (de 2006) es Nike+ y sus sensores Fitbit, que recopilan los datos sobre nuestros entrenamientos, y los envían a un servidor central al que accedemos a través de cualquiera de nuestros dispositivos.

En definitiva, parece que el Internet de las Cosas avanza hacía nosotros a pasos agigantados, por lo que, seguramente, si aún no forma parte de tu vida, pronto lo hará. Tiempo al tiempo.

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