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Porqué el cambio de paradigma sigue siendo una utopía

Hace unos días me deje caer por una de las mesas redondas que organiza el EOI bajo el lema “Sociedad Creativa”. En esta ocasión, el título de la charla era “Educando sin corses” y la temática la inclusión de la tecnología en el sistema educativo. Vaya por delante que valoro muchísimo este tipo de iniciativas, que siempre aportan algo a los que asistimos, pero la verdad es que salí de aquella charla con una sensación algo agridulce y muchas dudas sobre el tema que tratábamos.

Lo más valioso de la exposición de los ponentes fue un repaso a conceptos y reflexiones que casi todos conocemos: se expusieron los puntos más importantes del profesor Robinson sobre el sistema educativo y las bases del diseño centrado en el usuario como solución ideal a los retos que se nos plantean en este campo. Mientras escuchaba hablar a los ponentes, pensaba: “Vale, sabemos cuál es el problema y cuál es el ideal hacía el que tenemos que ir. ¿Qué hacemos? ¿Cuál es el primer paso?”. A esta pregunta, Nieves Segovia (presidenta de la Institución Educativa SEK y vicepresidenta de la Universidad Camilo José Cela) apuntaba que un posible primer paso sería comenzar a formar maestros en el nuevo paradigma, de manera que cuando ejerzan profesionalmente puedan educar a sus alumnos de forma diferente. Sin entrar a cuestionar si es o no un buen principio, me vino a la mente otra reflexión: “Vale, de pronto descubrimos cuál es el primer paso. ¿Por qué no comenzamos? ¿Qué nos lo impide?”. Y ahí comenzaron mis malas sensaciones.

Hablamos de un ecosistema ideal, creado por profesores, familias y el alumno en el centro. Como diseñadora de experiencias me resulta sencillo crear un proceso centrado en el usuario cuando trabajo, por ejemplo, en el diseño de una tienda online. Seguramente porque la marca que me paga para hacerlo quiere que el usuario esté en el centro porque de esa forma se incrementará el consumo y, por tanto, su beneficio. Cuando trasladamos este supuesto al terreno educativo, se me antoja todo bastante utópico. Quizá porque esas mismas empresas y el sistema no está interesado en la creación de ese proceso. Si nuestro sistema educativo está basado en la revolución industrial es porque se nos educa para que producir y consumir, sin pensar en lo que producimos o en lo que consumimos. El pensamiento libre va contra los intereses del sistema. Y aunque es triste, es así y no podemos obviarlo. Si obviamos las barreras que nos impiden el ansiado y famoso cambio de paradigma, jamás las saltaremos.

También me pasa que cuando oigo hablar sobre ese cambio, oigo hablar de niños prácticamente de preescolar o de universitarios o gente ya capacitada. Nadie menciona a esos preadolescentes y adolescentes desubicados en el sistema actual que probablemente cambiarían su iPad por unas zapatillas caras (en el mejor de los casos), siempre y cuando no se lo hubieran robado antes. Y tampoco oigo hablar de la desmotivación de maestros y profesores, que acuden cada día a su trabajo con miedo. En la charla del otro día hubo una pequeña mención a este aspecto, extrapolado a Singapur hace un par de años. Contaba el ponente que en este país decidieron apostar por la educación, así que comenzaron a abrir las escuelas el doble de tiempo y doblaron también el sueldo de los maestros. Ambas medidas tuvieron resultados muy satisfactorios. Y a mi me alegra mucho. Pero diría que nuestra realidad, la de España, es bastante diferente. Sobre todo teniendo en cuenta que muchos días, las escuelas ni siquiera son abiertas porque maestros y alumnos están en huelgas y manifestaciones por motivo, precisamente, de los recortes en el sector educativo.

Entonces, ¿qué? ¿nos cruzamos de brazos? No, para nada. Sólo digo que más allá de ese ecosistema perfecto que todos tenemos más o menos en la cabeza, existen unas barreras que tenemos que tener en cuenta si realmente queremos sortearlas y hacer realidad el cambio. De nada sirve hablar y hablar sobre lo bonito que sería si no tenemos claros los pasos a seguir para conseguirlo. Por hacer un apunte algo más constructivo, mi opinión es que seguramente la solución deba desarrollarse fuera y en paralelo al sistema. Por ejemplo con la creación de redes de conocimientos e información abierta y organizada por módulos que cada padre o tutor adapta a su hijo o alumno, comunidades sociales y globales donde compartir experiencias, o programas semipresenciales que orientan al alumno en la medida justa dejándole libertad para desarrollar capacidades individuales. Realmente no se me antoja tan complicado, de hecho, seguramente bastaría con prestar más atención a proyectos como el ya mencionado Institute of Play o como Imagination Foundation (mencionado en el siguiente post).

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